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Liberalismo económico disfrazado de fervor católico. Otra cara del sistema.

La caída del Muro de Berlin, el desprestigio de las dictaduras soviéticas y el desastre económico provocado por el populismo de corte chavista, han generado reacciones lógicas.

En la práctica, buena parte de los que al dia de hoy enarbolan la defensa de la vida y del orden moral cristiano, asumen que el oponerse al comunismo implica necesariamente una defensa del capitalismo.

Bajo tal premisa, muchos católicos conservadores han sucumbido ante liberalismos económicos condenados por su propia fe, poniéndose al servicio del sistema al que supuestamente combaten.

Refugiándose en fervores religiosos e invocando la defensa de la “civilización occidental”, la alt right y la nueva derecha latinoamericana pretenden comprar la voluntad de los nacionalistas.

La Iglesia condenó el individualismo

De la Encíclica Diuturnum illud, de 29 de junio de 1881. S. S. Leon XIII.

Es grande error no ver, lo que es manifiesto, que no siendo los hombres una especie que vague solitaria. independientemente de su libre voluntad, han nacido para la comunidad natural; y además, ese pacto que proclaman, es evidentemente fantástico y fingido y no es capaz de otorgar al poder civil tanta fuerza, dignidad y firmeza cuanta requieren la tutela del estado y el bien común de los ciudadanos.

De la Encíclica Libertas, praestantissimum, de 20 de junio de 1888. S. S. Leon XIII.

Tomar parte en la gestión de los asuntos públicos, a no ser donde, por la condición de las circunstancias, se precava de otro modo, es cosa honesta; más aún, la Iglesia aprueba que cada uno aporte su trabajo para el provecho común y, por cuantos medios pueda, defienda, conserve y acreciente la prosperidad del Estado.

La Iglesia fomenta el uso ético del derecho de propiedad

De la Encíclica Rerum novarum, de 15 de mayo de 1891. S. S. Leon XIII.

La justa posesión del dinero se distingue del uso justo del dinero. Poseer bienes privadamente es derecho natural al hombre, como poco antes hemos demostrado, y usar de este derecho, sobre todo en la sociedad de la vida, no sólo es lícito, sino manifiestamente necesario… Mas si se pregunta cuál ha de ser el uso de los bienes, la Iglesia responde sin vacilación alguna: “en cuanto a esto, no debe el hombre tener las cosas exteriores como propias, sino como comunes, de modo que fácilmente las comunique en las necesidades de los demás. De ahí que el Apóstol dice: A los ricos de este siglo mándales… que den fácilmente, que comuniquen [1 Tim. 6, 17].

La Iglesia condenó el laissez-faire

De la Encíclica Quadragesimo anno, de 15 de mayo de 1931. S. S. Pio XI.

Porque si bien es cierto que la economía y la moral, cada una en su ámbito, usan de principios propios; es, sin embargo, un error afirmar que el orden moral y el económico están tan alejados y son entre sí tan extraños, que éste no depende, bajo ningún aspecto, de aquél.

Como en la propiedad, así en el trabajo, y principalmente en el trabajo contratado, se comprende evidentemente que hay que considerar no sólo su carácter personal o individual, sino también el social; porque, si no se forma cuerpo verdaderamente social y orgánico, si el orden social y jurídico no protege el ejercicio del trabajo, si las varias profesiones, que dependen unas de otras, no se conciertan entre sí y mutuamente se completan, y si, lo que es más importante, no se asocian y se unen para un mismo fin la dirección, el capital y el trabajo, el quehacer de los hombres no puede rendir sus frutos.

A la manera que la sociedad humana no puede basarse en la lucha de clases, así tampoco el recto orden económico puede quedar abandonado al libre juego de la concurrencia… Hay que buscar, pues, más altos y más nobles principios por los que este poder sea severa e íntegramente gobernado: a saber, la justicia social y la caridad social. Por tanto, las mismas instituciones de los pueblos y, por ende, de la vida social entera, han de estar imbuídas de aquella justicia y ello es sobremanera necesario para que resulte verdaderamente eficaz, es decir, que constituya un orden jurídico y social del que esté como impregnada toda la economía.

La Iglesia condenó las injusticias sociales

De la Encíclica Divini Redemptoris, de 19 de marzo de 1937. S. S. Pio XI.

Pero aparte de la justicia que llaman conmutativa, hay que practicar también la justicia social, la que ciertamente impone deberes a que ni obreros ni patronos pueden sustraerse. Ahora bien, a la justicia social toca exigir a los individuos todo lo que es necesario para el bien común.

La Iglesia condenó el internacionalismo capitalista

De la Encíclica Divini Redemptoris, de 19 de marzo de 1937. S. S. Pio XI.

Porque es así que, si bien el género humano, por ley de orden natural establecida por Dios, se divide en clases de ciudadanos y también en naciones y Estados que, en lo que atañe a la organización de su régimen interno, son independientes unos de otros; todavía está ligado por mutuos vínculos en materia jurídica y moral, y viene a unirse en una universal y grande comunidad de pueblos que se destina a conseguir el bien de todas las naciones y se rige por las normas peculiares que protegen la unidad y promueven su prosperidad.

La Iglesia condenó la usura y el monetarismo

De la Encíclica Vix pervenit a los obispos de Italia, de 1° de noviembre de 1745. Benedicto XIV.

Aquel género de pecado que se llama usura, y tiene su propio asiento y lugar en el contrato del préstamo, consiste en que por razón del préstamo mismo, el cual por su propia naturaleza sólo pide sea devuelta la misma cantidad que se recibió, se quiere sea devuelto más de lo que se recibió, y pretende, por tanto, que, por razón del préstamo mismo, se debe algún lucro más allá del capital. Por eso, todo lucro semejante que supere el capital, es ilícito y usurario.

El egoismo economico fomenta inmoralidad

De la Encíclica Centesimus Annus. S. S. Juan Pablo II.

Un ejemplo llamativo de consumismo, contrario a la salud y a la dignidad del hombre y que ciertamente no es fácil controlar, es el de la droga. Su difusión es índice de una grave disfunción del sistema social, que supone una visión materialista y, en cierto sentido, destructiva de las necesidades humanas. De este modo la capacidad innovadora de la economía libre termina por realizarse de manera unilateral e inadecuada. La droga, así como la pornografía y otras formas de consumismo, al explotar la fragilidad de los débiles, pretenden llenar el vacío espiritual que se ha venido a crear.

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